lunes, 25 de enero de 2010

Mitad


A pesar de todo lo que siempre nos ha separado se podría decir que hemos crecido y madurado juntos, hemos aprendido a compartir y a apreciar los pequeños detalles. Fuimos creciendo a la vez que crecían nuestros sueños y todas las noches dedicábamos unos pequeños instantes a contemplar la luna, nuestra luna. Nos echábamos de menos una noche si y otra también pero siempre nos quedaba la esperanza de que algún día dejaríamos de hacerlo porque haríamos realidad nuestros sueños. Nos pasábamos los días planeando el futuro y en todos los planes aparecíamos los dos juntos. Podíamos sentirnos muy cerca a pesar de toda la distancia que nos separaba. Y contábamos los días que nos quedaban para volver a vernos. Nos escribíamos las cartas más bonitas del mundo repletas de promesas. Y era increíble e indefinible las sensaciones que se te pasaban por todo el cuerpo cuando las leías.
De repente por el día nos dejábamos llevar por nuestra imaginación y por nuestros sueños de noche y nos imaginábamos en todo tipo de lugares y situaciones. Siempre dedicábamos cada minuto que nos quedaba juntos a hacernos felices.
Y yo reconozco que lo añoro, me encantaría volver atrás una y mil veces para volver a revivirlo, porque hay cosas que no se pueden explicar con palabras por más que lo intentemos y esta es una de ellas.

No hay comentarios: