

Sentía esas inmensas ganas de romper relojes, de comerse los minutos que avanzaban rápidamente, quería detener el tiempo en el instante justo que se rozaban los labios, las manos, los corazones rojos. Quería amenazar a la distancia, pero se sabía que aún separados a miles de kilómetros, el intercambio de corazones era obvio. La necesidad igual era evidente, quería tenerle cerca siempre.
Mañana a estas horas estaremos juntos disfrutando el uno del otro más que nunca.
Espero que este fin de semana sea inolvidable, más inolvidable que ningún otro.
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