
Mientras tanto, podríamos ir planeando como asegurarnos de que nunca nos vamos a separar. He pensado que cuando terminemos de estudiar, podríamos alquilar un piso juntos, todo sería genial. Por las mañanas te dejaría una notita en el frigorífico pidiéndote que hagas la compra, o recordándote que tu madre te llamó cuando no estabas y te acuerdes de llamarla tú. Te prepararía la comida y te la pondría en un táper, y siempre que llevases tan sólo quince profundos minutos de siesta, iría corriendo y saltaría sobre ti para despertate. Y podríamos comernos a besos por la mañana, por la noche, por la tarde, al medio día, en la madrugada, de pie, sentados, acostados... en la cocina, el salón, la habitación o la ducha, donde quisieras. Y nos dormiríamos siempre pegados el uno al otro, y tú, seguro que algún día te levantarías antes de lo normal para traerme el desayuno a la cama y parecer amable. También podríamos comer chocolatinas de fresa, hamburguesas de pollo y cacahuetes de miel mientras viésemos la televisión, y mil cosas más que sólo tú y yo entendemos...
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